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A mi hijo no le gustan las verduras

Coliflor, espinacas o acelgas . Casi con toda seguridad desesperábamos a nuestros padres cuando de pequeños nos cerrábamos en banda a probar estos platos y, sin embargo ahora puede que se hayan convertido en deliciosos manjares.

Esta evolución en nuestros gustos culinarios, que nuestras abuelas atribuían a cosas de niños, hoy sabemos que tiene una explicación biológica. Lo han descubierto un grupo de investigadores estadounidense, que han demostrado como un básico instinto de supervivencia sería el responsable de estos cambios.

Según parece, nuestro organismo interpreta algunos sabores amargos, como los de buena parte de la verdura, como productos tóxicos, lo cual sirvió para que el hombre prehistórico evitara así envenenarse por ciertos alimentos.

La aceptación de este tipo desabores en la edad adulta, por tanto, respondería más al aprendizaje que a un instinto primario del ser humano.

Por su parte, el sabor dulce es aceptado sin problemas ya que, según aseguran los investigadores, el cuerpo humano ve en este tipo de productos una fuente rápida de calorías que, en su día, fueron esenciales para la supervivencia.

Imagen: noselepuedellamarcocina.com

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